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domingo, 10 de julio de 2016

Maternidad y trabajo. Parte 1: María

Ella, que era la primer mujer que se recibía de médica en Italia, estaba embarazada. De repente, con amor y sin anillo. Ella que desafió a su padre, quien la imaginaba maestra. La que cumplió el sueño de su madre, de estudiar en la universidad.
María Montessori

María vivió en una sociedad en donde el rol casi exclusivo de la mujer era quedarse en casa y cuidar del marido y los hijos. Estudiar en la universidad implicaba confrontar con lo instituido socialmente sobre la familia, la educación, la política, lo religioso. María pudo estudiar y sobresalir. Pero estaba embarazada de un hombre que la dejaba. Se enfrentó a la disyuntiva de cómo ser madre y continuar con su profesión. Antes de saber qué hacer, el padre de su hijo se lo quitó con la amenaza de que no lo vería nunca más y lo dejó al cuidado de una empleada. El niño creció sin una familia, sin saber que la mujer que lo visitaba era en realidad su madre.
María Montessori sufrió lo que acabo de relatar a fines del 1800. La película que relata su vida se llama María Montessori, “Una vida dedicada a los niños”.
En este artículo no voy a hablar sobre su método. Lo que me interesa es pensar sobre cómo interpela hoy la maternidad a las mujeres que trabajan. Pero también cómo el trabajo interpela a la maternidad. Hablo de trabajo en un sentido amplio, me refiero a cualquier tipo de proyecto personal, sea laboral, artístico, de estudio, político, etc.

Si bien la situación actual es diferente a la del siglo pasado, creo que trabajar y ser madres continúa siendo problemático y en algunos casos excluyente.

Para los que se quedaron con ganas de ver la película les dejo un enlace de youtube

Seguimos la próxima...

domingo, 5 de junio de 2016

Una horda de bolitas peludas


Cuando una mujer se embaraza la previenen de varias cosas, una de ellas es el cuidado que debe tener ante la horda de mujeres que se acercan a aconsejarla y recitarle sus experiencias.
Hace unos días unos amigos nos contaron que estaban esperando un bebé, además de emocionarme pensé todo lo que tenía para hablar con la futura mamá. Aguantándome las lágrimas en el colectivo, se me presentó la imagen de unas mamás como bolitas que se acercan contentas a la nueva para contenerla y apoyarla. Me vi como una bolita peluda, como un animalito que quiere proteger a una de su especie. Todas esas mamás medio locas y tarambanas, de las que formo parte, me dieron ternura.
Pero es un poco verdad la otra parte, la de las madres que meten la pata hasta el cuello y terminan asustando a la embarazada o le dan consejos de hace 500 años. Entonces mi primer conclusión fue que es hermoso el gesto de querer ayudar a la futura mamá pero debemos replantearnos cómo.
Aquí van algunas de mis premisas:
Lo primero que creo que tenemos que hacer es aguantarnos las ganas de dar consejos, tenemos varios meses por delante, tomémosnos el tiempo para felicitar, abrazar y preguntarle cómo se siente, qué necesita y escuchar.
En segundo lugar seguimos escuchando y a partir de ahí vemos qué podemos contarle de nuestra experiencia para que le ayude en la suya.
Todos pero todos los embarazos son diferentes, si nosotras pasamos por momentos difíciles no asustemos a la nueva embarazada, repito, NO ASUSTEMOS A LA EMBARAZADA. Si creemos importante darle algún dato para que pueda prevenir algún problema lo tenemos que hacer con mucho cuidado, siendo respetuosas y pensando mil veces si de verdad le va a servir lo que le digamos.
Aceptemos que cada pareja puede pensar y decidir a quién escuchar y sobre que argumentos tomar decisiones.

Y recordemos que a veces un poco de silencio, una comidita rica o compartir un momento para charlar de cualquier otra cosa pueden ser la mejor ayuda que una embarazada puede necesitar.